El evangelio de hoy (Mc 1, 14-20)
Hoy se nos ofrece la síntesis de la predicación y actuación de Jesús. Marcos lo transmite así: “El tiempo se ha cumplido y el reinado de Dios está llegando. Convertíos y creed en el Evangelio”. Se trata de la buena noticia de estar viviendo un tiempo lleno porque Dios toma la iniciativa de actuar y revelar que es Él quien reina y no los poderes de este mundo. Es un evangelio, o sea, una buena noticia, porque cuando Dios actúa se revela la falsedad de los poderes que dominan o esclavizan a los seres humanos. Éstos conocen su liberación y el tiempo deja de ser un tiempo de espera y pasa a ser un tiempo de cumplimiento.
No lo ven así la mayoría de los hombres. Todavía se sitúan a la espera. Pero los cristianos hemos de reconvertir ese tiempo de espera en tiempo de esperanza fundada, tiempo lleno de la presencia de Dios, Dios en acto, en acción, en palabras y signos que detectamos por doquier. Ese actuar de Dios pide una conversión para colaborar con Él en su reinado de justicia y paz, amor y libertad. Y esta buena noticia nos pide creer que es así, que es real, que Dios actúa, aun en medio de los calvarios de nuestro mundo.
Algunos discípulos de Juan pasaron a seguir a Jesús, a veces estaban con Él y le escuchaban, caldeaban su corazón con sus palabras y signos que comunicaban vida y alegría, y de nuevo volvían a sus trabajos cotidianos. Pero llega un día que el desconocido Jesús de Nazaret bordea el lago de Galilea y les encuentra en sus trabajos de pescadores. Entonces les invita a una nueva vida con Él. Ellos que ya le conocían, lo dejan todo y marchan en pos de Él. A nosotros se nos pide radicalizar el seguimiento de Jesús, tomarle en serio y estarle agradecidos por querer contar con nosotros.
J.V.T.
Alguna vez me he preguntado sobre la idea que Abrahán
y otros personajes bíblicos o los apóstoles o los santos tenían de Dios, si era
igual a la mía, a la de mi tiempo; no dudo que muy distinta, como lo es para
cada uno porque nadie piensa a Dios o cree en Él del mismo modo. Hay, sin
embargo, algo que nos iguala, es su llamada y la respuesta que espera de
nosotros: esa confianza (fe) y ese compromiso fiel y práctico para que pueda
actuar en el mundo.
Poco sé de Dios, pero sé que no es una idea inútil
del pasado ni una ilusión complaciente. Es una realidad con el valor de experiencia
personal y vida propia que se adapta constantemente al presente y a la gente. Una
idea imaginativa como teofanía y contemplo a Jesús llamarnos para que le
sigamos, para completar el Evangelio con nuestras vidas. No habla como los
viejos profetas de convertirnos porque en el año 2021 puede llegar el final de
los tiempos con una pandemia, sino hacerlo para ser un principio, el de su
Reino, o su manera de entender la vida. En estos momentos creo que el
principio del Reino es no renunciar a la esperanza hasta perderla.
carminis
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